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Jorge Alemán: “En Europa, la política ...

publicado el 02/04/13 - 15:00

Psicoanalista radicado en España desde 1976, Alemán también es agregado cultural de la embajada argentina en la península. Sus preocupaciones teóricas van de la mano de su práctica y de una manera singular de pensar las tecnociencias, la biopolítica, las nuevas subjetividades y el estallido del paradigma liberal en Europa y los Estados Unidos, la práctica política en América Latina y el avance de China en el tablero global. Sus referencias son tres clásicos: Martin Heidegger, Jacques Lacan y Alain Badiou. Este es el diálogo que sostuvo con Ñ digital desde Cádiz.

.¿Por qué piensa que América Latina sería el espacio donde pueda pensarse “lo político” en el siglo XXI?
Es una conjetura que sostengo desde hace años, y que se sustenta en distintas razones que paso a enumerar sin un orden preciso. En primer lugar, en América Latina hubo una sedimentación teórica de los distintos proyectos ilustrados y emancipatorios pero sin su carga eurocéntrica, universitaria y metafísica. No veo otro continente donde haya sucedido algo semejante. América Latina está en condiciones de experimentar la democracia más allá de su molde liberal, donde las cuestiones referidas a la justicia, la igualdad y la soberanía han sido reprimidas por el consenso que se soporta en la red de consumidores-ciudadanos-usuarios y que ahora empieza a crujir con fuerza en todos sus cimientos. Esta zona, paradójicamente, puede dar lugar a nuevos modos de pensar lo “universal”, otras maneras de pensar el trayecto moderno en la época de la técnica.
-Si eso es así, ¿qué modelo o paradigma de “lo político” se habría agotado y dónde? ¿Y qué pasa con el universo político chino?
Es evidente que en Europa se ha consumado la brecha entre lo que Lacan llamaba el discurso capitalista; Heidegger, “las estructuras de emplazamiento de la técnica”, y los pensadores franceses e italianos, dispositivos biopolíticos. La experiencia de la política ha sido reemplazada por el juego de las opiniones. Se trata de un paradigma “consensualista” que nunca afecta en su ejercicio a las reglas del capital. Este paradigma funcionaba bien mientras se podía sostener el Estado de Bienestar, que mantenía la cohesión social. Pero ahora la fractura se ha manifestado en toda su verdad, y queda por ver quiénes se harán cargo de esa verdad. Espero que las nuevas experiencias militantes y los nuevos partidos de izquierda puedan hacer algo: si no, sería entregar la gestión de esa fractura al nuevo fascismo de los expertos, la administración y las agencias de calificación. Y en cuanto a China, como se sabe, es un capitalismo sin burguesía, al menos en el sentido histórico que se la definía. En China, el Estado se sustancia a partir de las corporaciones y la burocracia que han comenzado a generar una seudo pequeña burguesía, pero cómo se manifiesta el malestar en la cultura, bueno, es un asunto de difícil respuesta. Habrá que ponerse a estudiar.
-¿Puede pensarse la práctica política instituyéndose desde el mismo estado? ¿Cómo sería eso? Y ¿por qué no pudo pensarse antes?
No creo que se pueda pensar instituyéndose desde el Estado. Por el contrario, nuestra experiencia nos indica que a partir del anudamiento entre movimientos sociales, estructuras políticas comprometidas y la relectura de las experiencias emancipatorias previas, el Estado puede funcionar como un suplemento que anude los tres sentidos. Pero nunca el estado, desde sí mismo y por sí mismo, puede instituir una política.
-Las lógicas emancipatorias en América Latina, de las que usted habla, ¿hubieran sido posibles sin la catástrofe el 2001 y otras similares en el continente?
Lacan me enseñó a pensar la historia, no solo bajo las formas del par “posible-necesario”, que siempre encierra un sentido ya escrito (de la historia), sino también a tener en cuenta el eje “imposible-contingente”. Es interesante pensar que algo que no era posible que sucediera ha suspendido, de modo contingente, su imposibilidad y ha sucedido, sin que se pueda fundamentar de un modo totalizante el acontecimiento.
-Tomo uno de sus enunciados: “el Estado se define como irrelevante para el proyecto emancipatorio dada su esencial aturaleza policial, biopolítica o capitalista”. ¿Cómo entenderlo si la mayor parte de las reformas en esa clave -emancipatoria- en estos lares se han hecho desde el Estado?
Yo me refería a los pensadores radicales de Europa que ponen como condición pensar las lógicas emancipatorias por fuera del Estado. Badiou emplea a menudo la expresión capital-parlamentarismo y dice que la democracia es el enemigo; (Jacques) Ranciere llama al Estado, la Policía; y Antonio Negri habla del mismo como un instrumento privilegiado de la biopolitica. Entiendo perfectamente esas lógicas filosóficas anti- estado a las que (Slavoj) Zizek les hace eco, pero insisto en que la novedad latinoamericana consiste en demostrar que se puede intervenir en lo real del espacio socio-simbólico manteniéndonos en los limites del horizonte democrático. Llevar un proceso de transformación histórico de la estructura de una Nación y un continente, poniéndolo a prueba en procesos electorales que siempre se pueden perder, es lo que algunos amigos europeos no pueden pensar porque no quieren, prefieren mantener incontaminado su espacio teórico aunque éste se mantenga estrictamente en el plano universitario. Pero si se sale de ese espacio, si las estructuras bajan a la calle, entonces hay que ver qué es lo que pasa.
FUENTE: REVISTA Ñ