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MASIVO VOTO EN BLANCO - Ada Castells

publicado el 24/11/10 - 15:17

¿Qué pasaría si el 29 de noviembre amaneciéramos con la noticia de que más del 70% de los catalanes han votado en blanco? ¿Conseguirían nuestros políticos lanzar declaraciones triunfalistas sin ni siquiera despeinarse, como si nada pasara? ¿Sobreviviría nuestra pobre Generalitat, nuestra democracia, el sistema? ¿Las risas de los votantes blanqueadores se oirían de Barcelona a la Luna? ¿Cómo reaccionarían los poderes fácticos y los no tan fácticos? ¿Qué dirían los tertulianos, los columnistas, los consejeros delegados de las grandes empresas, el mendigo de la esquina?
Todo esto y más se plantea el escritor José Saramago en Ensayo sobre la lucidez, una sátira mordaz sobre el funcionamiento de nuestro sistema democrático y una caricatura sabia para criticar el alejamiento de la calle por parte de la clase política, sea del partido que sea. Escrito después de Ensayo sobre la ceguera, el autor nos plantea una situación muy inesperada: en unas elecciones municipales gana el voto en blanco y el resultado electoral se recibe como una afrenta por parte de los gobernantes, que no saben cómo tomárselo. Primero temen todo un clásico, que sea la lluvia la culpable de alejar a los votantes de su derecho a elegir, pero a medida que transcurre la jornada electoral ya se ve que las cosas van por otro derroteros: nada sale como estaba previsto. ¿Se trata de una revolución silenciosa? ¿Una conjura anarquista? ¿Un movimiento internacional de imparable consecuencias? Las hipótesis están sobre la mesa del despacho, ahora sólo cabe centrarse en una para que sea la más certera. Así, Saramago sabe cómo retratarnos un mundo kafkiano –aquí sí que vale el adjetivo- donde el poder opresor se pone en marcha para eliminar a los culpables, aunque ni siquiera existan.
A los políticos de su libro no les puede entrar en la cabeza que la población haya actuado de este modo por un simple ataque de lucidez. Y entre los más lúcidos están un inspector de policía, como siempre sin nombre, y la mujer del médico de Ensayo sobre la ceguera, la única que conservó la vista en la epidemia oftalmológica, una heroína inolvidable ahora recuperada para...No, no revelaremos el final del libro. En este caso, sería imperdonable.
Con su estilo oral tan característico, con sus refranes sui géneris, con su humor podríamos llamar sintáctico, Saramago nos convence hasta de situaciones hiperbólicas: en su ciudad imaginaria la palabra blanco se empieza a considerar obscena y malsonante, y la gente prefiere hablar de “el color de la leche”. Veterano en su arte, el escritor logra adentrarse en una sociedad cada vez más paranoica, más opresiva, hasta terrorífica. Ensayo sobre la lucidez es una buena lectura para una jornada de reflexión como la que nos espera este sábado, aunque los más sensibles más vale que se abstengan (de la lectura, se entiende).
Fuente: Suplemento Cultura de La Vanguardia